Nación de Redes

Por David de Ugarte

2004 es un año de redefiniciones profundas en la internet española: aparecen nuevas tecnologías radicalmente transformadoras como imode y nuevas formas de articulación en red. Pero mientras en Europa imode alcanza su tipping point y la conectividad virtual estalla, en España nada parece moverse. ¿Existe un freno objetivo en nuestra propia definición colectiva?. ¿Puede España convertirse en una moderna "netnation" o perderá el tren de la última gran corriente social y tecnológica de nuestro tiempo?.

En España la tecnología i-mode y todo lo que implica empieza a arrancar. Pero no deja de sufrir cierto retraso respecto a Europa. El operador europeo KPN, quien sigue el modelo japonés puro y exige a los usuarios una suscripción previa de 30 euros al mes para poder recibir el servicio imode, acaba de anunciar que cuenta ya con un millón de usuarios. Mientras tanto, la Internet española más que un mar es un laguito estanco, como escribe nuestra compañera Natalia Fernández. Y es que en el fondo el debate tecnológico abierto en estos días sobre el enanismo de la web española y las posibilidades o no de i-mode como alternativa, lo que subyace es la necesidad de una definición clara sobre qué es lo q hace una tecnología superior a otra.

¿Qué hace superior a una tecnología respecto a otra?

Son las 10 de la noche. El kebab de Cardenal Cisneros podría servir de decorado humano en Blade Runner: dependientes kurdos y pakistaníes atienden a la parroquia en interlingüa bajo un manto de música rai. En las mesitas un grupo de adolescentes con maquillaje dark comparte espacio con un grupo de obreros polacos que discute y brinda con grandes jarras de cerveza. En la esquina, exóticos en ese entorno, se juntan los ciberpunks españoles.

Discuten las implicaciones filosóficas de la tecnología. En realidad, las diferencias entre los individuos son irreductibles, argumenta Iñigo Medina, para entendernos, comunicarnos y hacer cosas en común necesitamos agregar mediante convenciones sociales; dicho de otro modo, el principio de diferencia ontológica se corrige mediante ingenierías sociales. Esta ha sido la idea central tanto de su conferencia como de la de Juan Urrutia en Córdoba y ha estado presente en todo el debate. Esta sería la base para discernir entre tecnologías, su capacidad para expresar identidades y deseos individuales de una forma mucho más diversa: siguiendo a Medina, lo que determina que Internet sea una tecnología superior a la televisión, la prensa o la radio es que el ciberespacio habilita una ingeniería social más fina y cercana a la realidad individual. Es por esto que el mapa de las identidades cambia sustancialmente en el ciberespacio: aparece la polidentidad; la pertenencia y definición de los individuos sobre distintas redes que expresan distintas facetas de su identidad. Es decir, cuando hablamos de las limitaciones de internet en nuestro país no hablamos del fracaso de un modelo tecnológico, sino del fracaso de una forma de articulación social que permite más diversidad, pluralidad y libertad a las personas. Y por ello, como sin redes sociales previas no triunfan las tecnologías de red, podemos decir que lo que está fallando es la capacidad de nuestro país para darse una identidad colectiva en la que quepan la reticularidad y la diversidad.

Pero, ¿puede dotarse un país de una definición así? ¿Ha existido alguna vez una Netnation definida sobre redes y no sobre territorios? La experiencia histórica nos da algunos ejemplos... muy anteriores a la revolución tecnológica.

Thomas Jefferson y la Generación Spectrum

Thomas Jefferson y los padres de la Constitución americana se enfrentaron a una cuestión desconocida en Europa. Su problema no consistía en separar Iglesia y Estado, sino iglesias y Estado. En respetar al mismo tiempo la voluntad de las distintas comunidades, ideológicamente organizadas en sectas e iglesias de todo tipo que, dispersas geográficamente, se veteaban haciendo imposible una homogeneidad moral capaz de aglutinar la incipiente nación sobre unos valores concretos únicos.

La solución para la organización de esta proto-nación red fue el concepto de community standard: cada comunidad podría dictar sus propias normas en su seno dentro del marco común de la Constitución. Desde un punto de vista normativo sería punible todo aquello que, respentando el espacio individual salvaguardado por la Carta Magna rompiera los valores constitutivos de la comunidad concreta. Esta restricción se equilibraba con la posibilidad de cambiar de identidad, de definir un nuevo estándar y articular sobre él una nueva comunidad en los territorios vírgenes de la frontera. Es el continuo movimiento de la frontera, la expansión hacia el Oeste, lo que configura a EEUU como el país más libre, plural y próspero del mundo durante casi dos siglos. También el más diverso en todos los aspectos, desde el religioso al lingüístico. Será el fin de la frontera, el "cierre del Continente", el que poco a poco transformará el país, generando una homogeneidad cultural y un expansionismo internacional, que todavía no han alcanzado su límite (ni probablemente el nivel de la Europa imperialista de los siglos XX y XIX).

Conclusiones

Esta es la diferencia fundamental que aportan las identidades red respecto a las viejas identidades definidas territorialmente: la naturaleza de enredadera de los nuevos espacios permiten un crecimiento virtualmente infinito. Por primera vez, la diversidad identitaria no tiene un límite físico a la expansión de su frontera. Aunque exige también que el entorno y la definición colectiva del país permitan la emergencia de las redes sociales.

Mientras en España la definición identitaria siga siendo obsesivamente territorial y políticamente se centre en la traducción administrativo-estatal de una serie de identidades mutuamente excluyentes, es muy difícil que la diversidad y la pluralidad reticular emerjan. Para ser una netnation, una nación plural de redes, ha de ser posible el solapamiento, la poliidentidad, algo que una dialéctica de identidades territorialistas y exclusivas no permite. Seguramente, el fin del viaje meramente tecnológico de la Generación Spectrum sea el comienzo de un nuevo viaje, el de la formación de una nueva sociedad civil de las redes con una identidad plural y diversa. En nuestro horizonte tal vez debamos sustituir la Sociedad Red, tal hábilmente confundida con mero equipamiento por nuestros políticos, por una materialización más concreta: la nación red.