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Sociedad de Las indias Electrónicas

De Chapí a Eduardo Bautista o por qué la SGAE debería desaparecer

19 Jul 2004

Cien años después, la increible historia de la fundación de la SGAE pone de manifiesto más que ningún otro argumento por qué el cobro de derechos de autor ha terminado su ciclo histórico. Las razones que llevaron al nacimiento de la Sociedad de Autores, dejaron de existir con la revolución digital.

En 1899 el escritor Sinesio Delgado y el compositor Ruperto Chapí, junto con toda una serie de jóvenes autores, crean la Sociedad de Autores, hoy Sociedad General de Autores y Editores. A pesar del actual nombre, se trataba de un movimiento de músicos y letristas de música popular que se rebelaban contra los abusos de los poderosos editores. Los editores eran entonces realmente eso, editores: empresarios que editaban e imprimían las partituras de los músicos vendiendo después su catálogo de obras impresas (el repertorio de partituras) a teatros, cafés, teatros, orquestas y bandas.

El autor no podía imprimir y vender la obra por si mismo puesto que las salas negociaban sobre repertorios, no sobre obras completas, así que realmente sus ingresos se reducían al precio de venta que conseguía obtener del editor, los adelantos sobre obras futuras que este le diera (y que en la práctica les condenaban un estado de deuda permanente) y el “pequeño derecho”. Este consistía en un porcentaje de los ingresos por entradas que el empresario artístico pagaba a la “Asociación Lírico Dramática” de los propios autores.

En la práctica el modelo tendía a la concentración pues los editores negociaban contratos de exclusividad con las salas por un lado mientras por otro ataban mediante adelantos a los autores. Obtenida cierta masa crítica la perspectiva del monopolio se hacía viable, como relata el historiador Mariano Caballero:

Una vez conseguido un notable archivo musical, el más importante editor, Florencio Fiscowich impuso prácticamente en solitario, sus condiciones a salones, cafés-teatro, liceos, bailes, salones de concierto o casinos para la reproducción de sus obras. Realizando tales contratos y manteniendo en sus manos tal archivo, los teatros, autores y libretistas se plegaron a la voluntad de Don Florencio que no dudó en utilizar su fortaleza para conseguirlo, bien en asociación con otros editores o en solitario, teniendo en sus manos a los empresarios teatrales.

La reivindicación del movimiento de músicos que lleva a formar la SGAE es clásica y está en el origen del derecho de autor tal y como fue concebido en España y Francia: para poder obtener ingresos de las obras era preciso contar con una gran inversión, nada más y nada menos que contar con una imprenta, una red comercial y un repertorio lo suficientemente amplio como para presentar una alternativa aceptable para las salas. El primer movimiento será crear las bases de un catálogo conjunto, utilizando la red de cobradores del “pequeño derecho” como red comercial. Lo cuenta Sinesio Delgado, en Mi teatro:

Un autor distinguido, a quien había negado una casa editorial un pequeño anticipo a cuenta del trimestre, se presentó una tarde, cariacontecido y apurado, en las modestísimas del Pequeño Derecho, donde solían acudir algunos amigos. Su queja produjo al principio sosegados comentarios, que fueron convirtiéndose en protestas airadas; subióse la sangre a las cabezas, y enardeciéndose los ánimos más de la marca, acabaron por acordar los allí reunidos que aquello no se podía tolerar (aunque antes había ocurrido un millón de veces) y que era preciso castigar a aquel editor que negaba la sal y el agua a una pobre víctima. ¿Cómo? Dándose todos de baja simultáneamente, y encargando a otra casa editorial la administración de sus obras. Y calándose los sombreros, se lanzaron rápidamente hacia la puerta. Ya estaban en la calle cuando Chapí,que iba a la cabeza del grupo,tuvo una ráfaga de inspiración benéfica, y olfateando una lucha próxima, titánica y noble, alzó el brazo para contener la marcha de los demás, y dijo: ¡Esperad! ¿Qué se adelanta con salir de un editor para entrar en otro? ¿Por qué no nos quedamos aquí con Sinesio? Cayeron las palabras sobre las frentes ardorosas como lluvia de mayo, y convinieron todos allí mismo en constituir una Sociedad nueva que había de ser administrada por la del Pequeño Derecho.

Así el día 16 de junio de 1899, una docena de autores entre los que destacan dos de los grandes del teatro y la música popular de la época, Arniches y Chapí, fundan la Sociedad de Autores. Sin embargo, una vez ganada la batalla contra Fiscowich -cosa que no fue inmediata-, los autores se dan cuenta de que pueden ir más lejos con un nuevo modelo de negocio: el catálogo de obras será puesto a disposición de los editores, quienes pagarán una pequeña cantidad por cada copia impresa de las partituras y los libretos que utilicen. Llegaba a España, el “derecho de autor”, la reproducción de las obras (en principio en papel, luego en disco), generaría una renta de un modo similar al que tradicionalmente generaba su interpretación. Haciendo pagar por su uso a los editores, los autores aseguraban que el mercado regulara los ingresos y garantizara incentivos a los creadores. Este proceso acabará además mediante el reconocimiento legal de las sociedades de autores de España y Francia como “entidades de gestión colectiva”… es decir como prácticos monopolistas de las creaciones de los autores y acabará extendiéndose al conjunto de las artes.

La aparición de los discos no cambiaría esencialmente el modelo de negocio. Las discográficas no son a fin de cuenta estructuralmente diferentes a un editor de partituras: realizan copias de la obra (en realidad de una ejecución de la obra) sobre un soporte físico para cuya fabricación hace falta igualmente una notable inversión (una fábrica). Estas copias son ejecutadas en vez de por un grupo humano (la orquesta), mediante medios técnicos (un reproductor) por los dueños de locales o medios de comunicación pública para los que igualmente, como antes para los teatros y salas es necesaria a su vez una gran inversión.

La similitud con las patentes

El modelo es el mismo que el del tratamiento de las patentes porque la base es la misma: los autores no cuentan con medios para explotar, difundir y ejecutar sus creaciones. Tienen en cambio una notable inversión detrás (en tiempo de trabajo y en formación). Inversión que se perdería (y por tanto no tendrían incentivos a la creación) si sus obras pudiesen ser usadas libremente por cualquier editor. Queda la posibilidad de crear por encargo. Pero entonces el incentivo se reduciría a los mínimos si dejásemos que las tendencias monopolistas de un mercado así redujeran las posibilidades comerciales de los creadores a negociar con el Fiscowich de turno.

Hasta aquí y más allá de las materializaciones concretas del derecho de autor en cada momento histórico, la argumentación es irreprochable… para las condiciones tecnológicas e industriales de los siglos XIX y XX. Cien años después de la fundación de la Sociedad de Autores comenzaban a llegar a España unas tecnologías que daban la vuelta a toda la argumentación.

La revolución digital y la argumentación del derecho de autor

Hasta aquí el mundo de Chapí, Delgado y Arniches con sus malvados Fiscowich. Ahora miremos alrededor: disqueteras que permiten hacer centenares de copias a bajo coste, Internet y su posibilidad de distribuir miles de copias de las obras con un coste marginal prácticamente igual a cero, redes P2P a través de las que comparten creaciones de todo tipo millones de personas…

El modelo es jústamente el inverso: la combinación de ordenadores personales e Internet nos hace a todos potenciales editores, emisores y ejecutantes. Quien no quiera ya no tiene por qué pasar por un Fiscowich para alcanzar al público, incluso en la organización de grandes creaciones colectivas, como ha demostrado el software libre, se puede llegar más lejos prescindiendo del modelo de la patente y el derecho privativo basado en el monopolio temporal del autor sobre su obra. ¿Y los incentivos económicos? Los economistas nos aseguran que la actual estructura productiva, cambiada profundamente por la sociedad de la información, los asegura sin necesidad de patentes o cobro del derecho y la práctica de industrias tan bollantes y creativas como la del software libre (con gigantes tan lucrativos como Novell o IBM) o la de la pornografía bastarían para demostrar que innovación y creatividad no se desalientan.

¿Qué queda del derecho de autor como lo entendieron los padres de la SGAE?. Nada, como nada queda de su mundo de bombines, operetas y bigotes engominados… nada salvo una poderosa máquina recaudatoria, unos renuentes aparatchiks y unos legisladores que desearían seguir viviendo en un tiempo pasado.

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2 Comentarios a “De Chapí a Eduardo Bautista o por qué la SGAE debería desaparecer”

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  1. » SGAE: Blindando el presente, negando el pasado, cercenando el futuro

    [...] volví loco? No. La SGAE no fue siempre lo que es hoy, sus orígenes, de hecho son bien distintos. En 1899 el escritor Sinesio Delgado y el compositor [...]

  2. SGAE: Blindando el presente, negando el pasado, cercenando el futuro at Esta Europa No!

    [...] volví loco? No. La SGAE no fue siempre lo que es hoy, sus orígenes, de hecho son bien distintos. En 1899 el escritor Sinesio Delgado y el compositor [...]

Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
Las Indias es un Grupo Cooperativo que entiende el mundo desde la lógica de las redes y el compromiso con la democracia económica y la transnacionalidad. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

Grupo Cooperativo de las Indias
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, cabeza del Grupo Cooperativo de las Indias, es una consultora de innovación con oficinas en Madrid y Montevideo.

Nuestros fuertes son la innovación corporativa, social y de negocio, el desarrollo local y regional, la diplomacia corporativa y la inteligencia de fuente pública, especialidades basadas todas ellas en el análisis dinámico de redes sociales. La Bitácora de las Indias analiza tendencias en todos estos campos.

La innovación de negocio consiste en pensar, diseñar y poner en marcha nuevas formas de negocio que ayuden a las empresas a redefinirse empoderando a su entorno y a la sociedad. Ejemplos actuales del trabajo indiano en este campo serían BBVA para quien realizamos informes de oportunidades organizativas y tecnológicas y Szena, una compañía de software de riesgos con la que trabajamos en la liberación del código que permitirá a los bancos ser más transparentes, nutrirse de propuestas de una comunidad global de expertos y a universidades de todo el mundo desarrollar innovación en un campo hasta ahora reservado para los que podían pagar licencias millonarias.

Innovación social y desarrollo regional son otros dos productos que van de la mano. Se trata de aumentar el capital social de los ciudadanos mediante programas de generación de red. El ejemplo de referencia más actual sería nuestro trabajo con el ayuntamiento de Zaragoza en la creación de empleo joven y cooperativo.

La diplomacia corporativa consiste en empoderar a los ejecutivos y directivos de una organización para que cuando llegan a otro país, a un nuevo mercado o se dirigen a un nuevo sector social puedan convertirse en interlocutores sociales reconocidos. La mayor parte de las empresas comprende ya que a largo plazo sólo se triunfa cuando la sociedad las entiende como una herramienta de sus propios intereses y bienestar. Sin embargo las empresas tienen problemas para establecer conversaciones significativas con el conjunto de la sociedad civil. Hay una parte de formación, de conocimiento cultural, histórico y social que es obvia, pero también hay otra que consiste en “mapear” interlocutores sociales, escuchar y dirigirse a los críticos de igual a igual y establecer conversaciones de las que surjan primero el respeto, luego la confianza y finalmente la cooperación.

En todos estos productos es fundamental el análisis de redes sociales y la inteligencia de fuente abierta. Este tipo de análisis de inteligencia empresarial se llama de “fuente abierta” porque se elabora a partir de información pública (blogs, periódicos, publicaciones universitarias, etc.). Se trata de hacerse una imagen cabal del tejido social real, sus líderes -normalmente no institucionales- y sus estrategias. Sólo de ese modo es posible establecer una interlocución social. Un ejemplo de trabajo en este campo sería el mapeo de la blogsfera latinoamericana que estamos realizando para la Secretaría de Estado de Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación del Gobierno de España en el marco de la próxima cumbre Euro-Latinoamericana.

Anuncio de la Sociedad de las Indias Electrónicas (detalle)
La Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas fue fundada como sociedad limitada con 3007 euros de capital el 2 de octubre de 2002 por Natalia Fernández, Juan Urrutia y David de Ugarte. Partían sin cartera de clientes, con el capital social mínimo pero con la experiencia social del primer ciberactivismo europeo y la experiencia empresarial de Piensa en Red que había sido la primera desarrolladora europea de software de gestión en movilidad y creación de redes sociales.

Los comienzos fueron económicamente muy duros para una compañía casi desconocida sin capital ni agenda. Para darse a conocer en medio de lo más duro de la crisis de las puntocom crearon la primera bitácora empresarial del mundo: la Bitácora de las Indias (a la izquierda de esta columna). Pronto llegó el primer cliente: la Federación de Empresas Distribuidoras de Gases Licuados del Petróleo y otros clientes que buscaban sobre todo mejorar el aprovechamiento comercial de su esfuerzo en la web, como Meliá o Nupik.

Mientras los pioneros luchaban por despegar, desarrollaron también las técnicas de análisis de redes sociales que les permitirían ofrecer servicios de mucho más valor añadido y asumir los primeros proyectos relevantes. El primero de ellos llegaría en la primavera de 2003, asesorando la candidatura de Belloch a la alcaldía de Zaragoza. Se trata del primer caso documentado de análisis de redes sociales para elaborar la estrategia de una campaña electoral. Y fue un éxito.

A finales de 2003 llegaría un contrato con Telefónica —desarrollar e implementar las primeras novelas para móviles fuera de Japón— y a partir de ahí la empresa despegaría con cada vez más y mejores clientes. Tras el 11M trabajamos con el Consejo Consultivo de Castilla- La Mancha en el desarrollo y articulación del debate virtual del foro Armas y Letras: la guerra y el Derecho en el IV centenario de el Quijote.

Llegan entonces nuestros primeros grandes proyectos: una importante farmaceutica y una de las principales empresas europeas de gestión medioambiental a los que el análisis de redes sociales en ámbitos informales de decisión les servirán para diseñar sus estrategias regulatorias y su proyección pública.

Usando la misma metodología, en 2006 desarrollaremos para Turismo de Andalucía el primer análisis de red de creadores de opinión en la Internet informal que se hacía a nivel mundial en un sector en el que el 75% de los destinos se deciden en la red.

La Sociedad llegará a su madurez a partir de 2007, bajo la dirección de su actual gobernadora, Natalia Fernández, que consolidará el posicionamiento de la empresa y ampliará su cartera de clientes, iniciando un crecimiento sostenido de la facturación que haría después posible la internacionalización de nuestra presencia en el mercado y la transformación en sociedad cooperativa el 18 de septiembre de 2009.

En ese periodo fundamos la desarrolladora de software libre Feed the Ivy SL, creadora del servicio feevy.com posteriormente vendido al grupo BBVA, para quien la Sociedad de las Indias empezaría a trabajar -y continúa hoy- como consultora de innovación, desarrollando proyectos como la blogsfera BBVA, la primera blogsfera corporativa de un gran banco transnacional y emitiendo regularmente informes sobre oportunidades sociales, organizativas y tecnológicas para el banco.

En 2007 asesoramos utilizando técnicas de análisis de redes sociales y posicionamiento estratégico a la expansión en América Latina de un importante grupo inversor español con intereses en el sector energético.

En 2008, también en asociación con el Area de Innovación de BBVA y con la editorial El Cobre lanzamos la primera colección de libros de autores contemporáneos en dominio público: la Colección Planta 29.

El 18 de septiembre de 2009 nos transformamos formalmente en cooperativa. Para entonces, nuestra forma de trabajo ya nos había llevado a un ratio de ingreso/persona varias veces superior al de las grandes consultoras.

El 9 de febrero de 2010 iniciamos formalmente a la puesta en marcha del Grupo Cooperativo de las Indias integrando en la estructura a la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas y poniendo en marcha el proceso de elaboración de estatutos e inscripción en registro del nuevo grupo, con la idea de ampliar nuestra oferta de servicios a nuevos campos en sinergia con nuestras participadas y nuestras áreas de experiencia tradicionales.

Hoy nuestra cartera de clientes se extiende por mundos tan distintos como el de la banca, la energía, las administraciones públicas, el medioambiente o el arte contemporáneo.

Entre los últimos proyectos indianos con repercusión pública destaca la presentación y discusión con la blogsfera de la Cumbre Unión Europea-América Latina (febrero de 2010), primera experiencia de este tipo en el mundo.

Colección Planta29

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