Las navidades de los perseverantes
25 Dic 2008
En 2007 decíamos que el sueño empezaba a hacerse realidad. En 2008 sobre los cimientos han crecido los pilares.
2008 ha sido un año en el que la crisis y las estafas millonarias han hecho saltar la alarma de la desconfianza. Un año en el que los que apostaron al caballo perdedor, y perdieron, luego reclamaban que se les refundara la apuesta fallida… con dinero de los contribuyentes. Un año en que la periferia del Imperio se ha tomado más en serio unas elecciones primarias en un país ajeno que las propias elecciones legislativas, esperando que el nuevo emperador solucione todos sus problemas.
Pero para los indianos, que corremos hacia adelante confiando en que la pelota nos caiga en las manos, ha sido un gran año. Un año en el que, más allá de la exploración y la teorización, nuestros sueños tomaron cuerpo. Y estamos felices y agradecidos por ello. Agradecidos a aquellos con los que trabajamos y aprendimos, a aquellos que nos aportaron desde las ideas y el ejemplo y agradecidos a los que nos hicieron poner cosas en cuestión. A todos ellos y a muchos más, nos debemos y sinceramente agradecemos.
En las navidades del hemisferio Sur, justo hoy hace seis meses, empezamos a fraguar nuestra Constitución. Mientras los estados cerraban puertas, fronteras y caminos, nosotros -orgullosos emigrantes- seguíamos apostando por la identidad desde la diversidad. Con nuevos indianos de pleno derecho, con la Carta de las Indias y nuestra Constitución, conformando una cotidianidad hecha por iguales en la que no importan los pasaportes.
Y así, bajo el árbol indiano, llevamos meses germinando una sorpresa. En la ciudad más pobre de toda América, El Alto, en Bolivia, en 2009, con un poco de nuestra ayuda, con un mucho de ellos mismos, brotarán antenas por los tejados, abriendo la ciudad a la Red y una nueva generación a nuevas oportunidades. Los adictos a la libertad sabemos que la libertad de los otros es la única fuente de la nuestra.
Por eso, en 2009 cuando los que adoraron al nuevo emperador descubran que los que están desnudos son ellos, cuando la última espuma del dospuntocerismo se cuele por el desagüe, mientras los que perdieron en sus apuestas sigan reclamándole al estado que se les pague con dinero público, ahí seguiremos nosotros. Como siempre estuvimos. Tan antiguos como la misma red. Diversos, perseverantes, agiles, rápidos… listos para seguir avanzando centímetro a centímetro, como los manípulos de la República, siguiendo a la Osa, con la guía del viejo Lobo, confiando en la mano de Dios y en la cabeza de nuestras Gobernadoras. Gobernadoras a las que nosotros elegimos. Porque ya no somos trabajadores, ni siquiera socios… somos ciudadanos de nuestra propia empresa colectiva. Empresa que ya es mucho más que un conjunto de negocios, que es ante todo aventura, esfuerzo, goce de vivir en la modesta y maravillosa libertad de los que construyen en red para compartir abundancia.
